Hagata pequeña maniática que intento llamar la atención de quien logro tomar el lugar de su inspiración, se recuesta perdiendo la fe, la esperanza y poco a poco la vida que mantenía, tendida en la alfombra que Dios puso para ella, sintiéndose desolada, perdida y tan fuera de lugar como un pez nadando en las arenas del desierto, observando el cielo ya casi nocturno, siendo su única compañía un árbol que no siendo menos vio crecer por años, oyente eterno y apoyo en los momentos que necesitaba, único ser vivo que seco y sintió recorrer por su rostro cada una de sus lagrimas, tal vez el único que escuchaba las vivencias que a diario le contaba. Ingratamente cierto día ya no asistió a la cita con su árbol de la vida, ella nunca regreso.Diez meses después se encuentra en un lugar cerca de un río, río que al atardecer teñía sus aguas de rojo, reflejando la muerte del sol en el horizonte, mientras que en los ojos de ella se reflejaba el nacimiento de la luna, inexplicable acontecimiento que admiraba como nadie, cierra los ojos y de su boca se escapa una tímida sonrisa como para captar y grabar la belleza del momento. Así pasaba el tiempo… día tras día Hagata se embarcaba el tren de los recuerdos hacia el lugar que su corazón acariciaba, sabiendo que recordar era lo que mas sepultaba su alma. Lentamente se integra, abre poco a poco sus parpados toma su abrigo y se levanta, con la respiración contenida contemplo todo su alrededor cubierto por las plumas blancas mas hermosas que jamás hubiese visto, un gran sentimiento de paz despertaba en su interior, fijo la mirada en un extraño ser que yacía inconciente y mal herido a lo lejos. Sin pensarlo corrió acercándose a el asombrándose con cada paso que daba de la belleza incomparable que sus ojos tenían el privilegio de contemplar. Un ángel había caído de su nube, ciertamente torpe e inexperto, su propio ángel de la guarda resbalo de la nube que lo mantenía en el cielo. Se acerca temerosa, lo cubre con su abrigo toma cada una de las plumas cuidadosa y tiernamente sin palabras lo lleva consigo a su hogar.
-¿Quién podría creer que su vida sin sentido, diera un giro por este acontecimiento inusual e increíble? – -"Tranquilo, esto será un secreto entre nosotros" -susurro Hagata al oído de su ángel,
regalándole un tierno beso y recostándose a su lado. Lagrimas de alegría recorrían el rostro de ella esa noche…, por fin no sentía soledad. La luna llena cómplice del momento, iluminaba la habitación como nunca antes. A la mañana siguiente, Hagata convencida de haber vivido un sueño se integra poco a poco, abre los ojos y ve a este extraño ser de rostro pálido, ojos tímidos y claros, tal como el sol se esconde tras una nube rosa en el cielo, de cabello brillante y labios calidos tendido frente a ella, observándola y acariciando su rostro, ella sonríe y suspira imitando la acción. Luego de unos minutos prepara café para dos, cosa que jamás había hecho… era su ángel, su compañero, el que existía por ella, el que fue creado para ella, el que sin escoger le había iluminado el camino haciendo mas fácil el transito.
Las heridas del pasado eran profundas y dolorosas para Hagata, su ángel intentaba cicatrizarlas sin recordar el dolor que sentía por sus propias heridas y sus alas golpeadas, ella decaía vez tras vez por sucesos ajenos. Así mismo ella intentaba curar las heridas de su ángel, y por primera vez en la vida se sentía feliz a pesar de todo. Doce días después, el cielo les regala un tranquilo y agradable atardecer, la tristeza y el desamparo se hacen latentes en el rostro de ambos, el adiós llego… un ultimo beso, una ultima caricia, el vuelve a su nube, ella de vuelta a su vida, las alas de su ángel vuelven a volar.
Ella sueña despierta cada día, recuerda los buenos momentos y sonríe, solo espera que el que alguna vez fue su ángel, simplemente sea feliz, donde quiera que este a quien quiera que este acompañando.
*La esperanza, es lo último que se pierde junto a los sueños.
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